La gran confusión del camino espiritual budista

Una de las cosas que mas me han sucedido últimamente es encontrarme con el tema de las expectativas: no solo las propias sino las de los demás, volcadas en otros y en uno mismo. Especialmente dentro de ese conjunto de temas no del todo definidos que podemos llamar espirituales. Me he encontrado en muchos casos con una expectativa de lo que debería ser la espiritualidad y ese concepto, aplicado al budismo me parece que hasta cierto punto es conflictivo.
Para mi el mismo hecho de llamar a algo espiritual es interesante: el concepto de espiritualidad en sí ya tiene una serie de conceptos asociados (karmaplexos, por así decirlos) que vienen de nuestro pasado cristiano. Sé que lo que sigue parece un enredo pedante sin mas sentido que rebuscar en la etimología, pero les pido paciencia dado que mi argumento se basa en estas próximas líneas.
Si alguien me pide una definición a mí de lo que es la espiritualidad, tiendo a caer en Adriaanse, que en su Pensar la religión sostiene que el término espiritual “es un término nuevo, cuyo significado fluctúa”. Para una persona católica devota que va a misa todos los días y para el mas hippie-new-age-Ashtar-Sheran-viene-a-comer-pan-casero-conmigo-por-las-mañanas el término va a tener significados diferentes, pero ambos se reconocerían como espirituales.
El problema surge, creo, de la idea de espíritu mismo. Spiritus generalmente está opuesto a lo material; aún en el cristianismo pervive cierta correlación con la idea de alma (si bien la relación alma-espíritu es todo un tema, según el autor) que implica que hay algo diferente de lo material y en cierto punto superior, que tiene que ser cultivado. Sea el gnóstico que deja de lado el mundo del demiurgo, el devoto que quiere unir su alma con la divinidad o la persona que se comunica con muertos, se entiende una idea monádica que implica una identidad propia que existe por si misma.
En el budismo esto no existe: no hay alma ,espíritu, atman en el sentido de que tenemos una identidad separada y trascendente del mundo. Nuestro ser es vácuo, lo que es decir, interrelacional. No hay nada negativo en la materia (nuestra conciencia surge de la interrelación de la materia en nuestros cuerpos y en cierta forma es materia o mejor dicho, la materia es inaccesible para nosotros fuera de la conciencia, con lo cual son indistinguibles en la experiencia) y no tiene sentido pensar en algo fuera de la experiencia de un Buda. Recordemos que el Dharma es, básicamente, el conjunto de la realidad.
Esto se vuelve un problema cuando hay partes de nuestra experiencia como humanos que resultan violentas o angustiosas. Si uno entiende el camino espiritual como un camino que hace énfasis en el espíritu y comprende a ese espíritu como algo lejano a la violencia y la angustia, creada por el mundo material, el camino espiritual es aquél que rechaza la violencia, la angustia y todas las circunstancias en ese camino.
Y acá viene el problema: si uno lo vé desde afuera, el budismo (especialmente el primer budismo) con su renuncia al mundo pareciera que dijese lo mismo. Generalmente se entiende al mundo material como Samsara y el mundo espiritual como el Nirvana, por lo que se plantea que buscar el Nirvana es básicamente seguir un camino del espíritu, aunque el budismo nunca lo formula así.
Pero lo que el Buda Sakyamuni indica no es un retirarse de un mundo material: lo que plantea es retirarse de las relaciones que el mundo cotidiano nos genera para aprender a dominar la mente. Pero el mundo material no es negativo o hay algo que esté por fuera de él, existente por si mismo. El Nirvana del Buda fue posible porque nació en Samsara y las escuelas posteriores elaboran esto hasta plantear que Nirvana y Samsara son indivisibles.
Esta parece una división sutil y compleja sin sentido, hasta que consideramos como aprendemos las habilidades mas comunes en nuestra vida. Para aprender a manejar un auto ¿Lo hacemos en una avenida concurrida, un viernes a la hora de salida laboral? No, nos inscribimos en un curso que nos ofrece una pista o un familiar o amigo nos enseña a manejar en un lugar despejado, minimizando los estímulos a fin de poder aprender e integrar las habilidades motoras mas simples. Para aprender a correr una maratón ¿Nos inscribimos en una? No, corremos fuera de una maratón, incrementando nuestra resistencia de a poco.
Esto implica que nos estamos entrenando: pero no significa que una vez que tengamos la habilidad que deseamos, nos quedemos manejando solo en pistas o corriendo solo. Es simplemente una técnica pedagógica. El mismo Buda Sakyamuni podría perfectamente haberse quedado en la selva, meditando hasta su muerte. Pero volvió al mundo cotidiano, quedó en medio de disputas con el reino de Magadha, fue traicionado por su primo y pasó por mil situaciones complejas. Claramente, no es una persona que pensaba que su camino era alejarse hasta perderse bajo el árbol Bodhi.
Todo esto viene a que hay mucha gente que le suma el concepto de camino espiritual, como se entiende acá, al budismo. Entonces, cuando en la meditación se encuentran con sensaciones de agresión, de violencia, de angustia se preguntan si lo están haciendo bien. Y esto sucede porque toman dos conjuntos: la técnica budista y su concepto de camino espiritual, dándo como válidas solo aquellas experiencias que cumplen con ambas.
Pero esta no es la forma budista: el mismo Buda sufre, bajo el árbol Bodhi previamente a iluminarse el ataque de los ejércitos de Mara. Esto puede ser entendido por una metáfora, pero aquellos que han meditado saben que uno puede sentirse bajo ataque o violento en la meditación. Lo importante no es rechazar y reprimir estos sentimientos, sino aceptarlos y observarlos, sin seguirlos. Son parte de nuestra energía mental, de los movimientos de la mente.
En el budismo tántrico, estas energías toman la forma de las deidades airadas, como Vajrapani, quién es la imagen de este post. No dejan de ser budistas ni de trabajar por la liberación de todos los seres, pero toman acciones mas directas. Como el pariente que, cuando estamos en un mal momento en vez de simplemente escucharnos nos pone en nuestro lugar o la persona que tiene que tomar una decisión difícil para poder conservar una institución que ayuda a seres que sufren, el camino budista no es siempre luz y amor: también tiene lugar para la acción directa y poderosa, siempre que la motivación sea la adecuada.
En términos mas clásicos, en occidente los rituales y la magia tiende a ser entendida folklóricamente por magia blanca (si involucra a seres considerados divinos) o magia negra (si los involucrados son demonios) que marca el carácter ético de quién la lleva a cabo.
En el budismo existen las cuatro acciones que ya hemos nombrado: pacificar, incrementar, magnetizar y destruir. Uno podría pensar que las dos primeras son acciones blancas (en términos occidentales) y las dos últimas son negras. Pero en todas, el motivador es lo que decide en el budismo el carácter de la acción. Una acción de destrucción, motivada por el altruismo y la compasión es virtuosa y una acción de pacificación motivada por el egoísmo es su contrario. Es decir, sea cual sea la acción ritual, para que sea budista su motivación tiene que ser blanca.
Una persona que fumiga un hospital, para ayudar a los pacientes mata a muchos insectos,pero salva a muchas personas. Una persona que minimiza o tranquilza a gente para proteger su interés no genera una acción virtuosa, aunque lo parezca en ese momento.
Por eso, a mi no me gusta mucho el término “camino espiritual” aplicado al budismo. Creo que es mucho mejor el término que se utiliza como glosa de meditación en los textos budistas: cultivo. Como budistas, cultivamos los atributos que nos llevan mas cerca de la iluminación. Pero el cultivo tiene dos partes: minimizar las obstrucciones (preparar bien el terreno, plantar en un lugar adecuado) y trabajar con los incovenientes (regar si no cae suficiente lluvia, balancear el PH del suelo). No se trata simplemente de plantar y luego dejar que la flor crezca sola: tenemos que trabajar para balancear tanto lo bueno como lo malo para la planta, para asegurarse que nuestra cosecha sea la mas fuerte y adecuada.
O quizás podemos entenderlo como el cultivo de los hijos: si cuando son pequeños no los protegemos, el mundo les enviará tanta información que no pueden procesar que se angustiarán. Pero si los sobreprotegemos, no podrán afrontar las dificultades de la vida. De la misma forma se nos llama, cuando tomamos refugio “hijos e hijas de los Budas”. Debemos cultivar nuestra budeidad con el mismo amor y cuidado que cultivamos a nuestros hijos e hijas para ser seres humanos completos: no debemos dejar nada de lado, sino que debemos graduarlo de acuerdo con su crecimiento.